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CATALANES EN LA PRIMERA JUNTA: JUAN (JOAN)LARREA (1782 - 1847) Y LOS NEGOCIOS DEL PODER
2006-10-22
Sección ARGENTALANES

Catalanes en la Primera Junta: Juan (Joan)Larrea (1782 - 1847) y los negocios del poder
Cristina Ambrosini cristinaambrosini@yahoo.com.ar
Web de Cristina Ambrosini epicureanos.blogspot.com/
Entre los distintos prejuicios que orientan la lectura de la historia de la independencia argentina, en los manuales escolares, ubicamos la distinción entre patriotas o criollos versus realistas o españoles. Este mito importa una grave confusión porque entre los “patriotas" figuraban tanto criollos -Cornelio Saavedra, Mariano Moreno, Manuel Belgrano-, como españoles peninsulares -Juan Larrea y Domingo Matheu- integrantes de la Primera Junta de 1810. A principios del siglo XIX, el pueblo español era tanto o más víctima del despotismo que el pueblo americano. De allí que, logias masónicas mediante, los ideales independentistas encendieran los corazones de españoles y americanos por igual y llevaran a la acción heroica a unos y otros, también a aprovechar la oportunidad de nuevos negocios. El caso que nos ocupa ahora, Juan (Joan) Larrea, nativo de Mataró (Catalunya), responde, al pie de la letra, a la descripción de Vicente Blasco Ibañez: un hombre venido desde tierras remotas quien elige entre vivir súbdito del cruel Fernando VII o ser ciudadano de una República que guarda la lengua y la tradición de su raza. Tal elección no sería dudosa para un hombre de sentimientos liberales.
Según Felipe Pigna, nuestro personaje nació en Mataró el 24 de julio de 1782. Llegó a Buenos Aires a principios del 1800 y se instaló, siendo apenas algo mayor que un niño, como comerciante. A pesar de su juventud, luchó con el grado de capitán en el Cuerpo de Miñones, voluntarios de Catalunya, en las invasiones inglesas. Pronto se hizo líder de la independencia, perteneciendo al principio al llamado "Partido Republicano'', dominado por Martín de Alzaga y otros españoles de la zona, que controlaban el Cabildo. Algunos criollos, incluyendo a Mariano Moreno y Julián de Leyva, formaban igualmente parte de este grupo, al cual cupo especialmente la responsabilidad de derrocar al virrey Sobremonte en 1807. Pese a ser español de nacimiento, simpatizó con la causa patriota e hizo grandes contribuciones económicas para el éxito de la Revolución de Mayo de 1810. La Primera Junta lo nombró vocal pero al igual que varios de sus compañeros morenistas perderá su cargo en 1811 y será desterrado regresando en 1812. En 1813 participa activamente de las sesiones de la Asamblea General Constituyente. En 1814 el Director Posadas lo nombra Ministro del Tesoro. Desde este cargo impulsó la creación de la flota naval al mando de Guillermo Brown, incluso aportando su propio dinero. Con la caída del Directorio y la Asamblea, en 1815, fue nuevamente desterrado y sus bienes fueron confiscados. Poco después retornará al país y a sus tareas comerciales. Rehizo su fortuna en 1830, pero se arruinó bajo el gobierno de Rosas. Años más tarde será designado cónsul general en Francia, donde vivirá por varios años. Tras nuevos reveses y nuevos desengaños políticos tomó la decisión de suicidarse el 29 de junio de 1847. Hasta aquí la Historia Oficial.
El puerto de Buenos Aires, desde su creación, fue un centro de interés para piratas, contrabandistas y aventureros de todas las clases. Entre otros, llegó a estas tierras David Curtis De Forest, un norteamericano nacido en 1774. En 1804, luego participar de una matanza de lobos marinos en costas de La Patagonia, pasar por la Banda Oriental, Río Grande do Sul y Montevideo, arriba al puerto de Buenos Aires. Inmediatamente toma contacto con el comerciante español Francisco Ignacio de Ugarte pero no será hasta 1806 que se instala en la casa de Santiago Rivadavia para iniciar “oscuros” negocios bajo la protección de Liniers. En 1807, dando fe de patriotismo, se alista como músico en el primer escuadrón de Húsares mientras escribe a su hermano Juan, calificando estos tiempos como “el reino del terror y la confusión”. Para evadir las restricciones al comercio de los extranjeros se asocia con Juan Pedro Varangot, amigo personal de Liniers, y con el ya mencionado Ugarte. Mientras solicita su designación como cónsul al gobierno de Estados Unidos. En 1809 la suerte cambia y el nuevo virrey, Baltasar Hidalgo de Cisneros, ordena su deportación. Regresa a Inglaterra y luego a su país donde, a los 37 años se casa con una joven de 16 años. Vuelve a Buenos Aires en 1812 con su esposa embarazada donde encuentra alojamiento y protección política en la casa de Juan Larrea. Poco después, el nuevo gobierno patrio lo designa ciudadano honorario de Buenos Aires. Las prácticas de De Forest no eran inusuales, ya que las sociedades con hombres cercanos al gobierno proveían a los comerciantes extranjeros de un paraguas protector frente a la inestabilidad política y económica rioplatense.
Además de los intereses económicos coincide con Juan Larrea en las inclinaciones ideológicas al punto que dona a Moreno, para la incipiente Biblioteca Pública, libros del Abate Raynal, Montesquieu, Voltaire y Rousseau. Más allá de ser españoles, criollos o norteamericanos, estos hombres encarnaban el ideal demócrata-republicano de la fraternidad, se sentían hermanados en la causa revolucionaria al admitir que su patria era aquella donde se respetaban los derechos del hombre. Esta comunión ideológica de De Forest con los líderes de la revolución ayudó a favorecer los vínculos comerciales con el nuevo poder y accedió al favoritismo de Juan Larrea, sobre todo a partir de 1813, al asumir éste el cargo de Secretario de Hacienda bajo el Directorio de Posadas. Como sabemos, Larrea participó en la formación de la escuadra naval que hizo posible la toma de Montevideo y de este hecho sacó partido De Forest porque significó la captura de gran cantidad de mercadería de comerciantes españoles. Larrea le escribe diciendo:
“Si se resuelve a venir a la ciudad y establecer en ella una casa de remates haré cuanto pueda para acreditarlo a Ud.”
De Forest, entonces recluido en una chacra de las afueras, instala una casa comercial en la ciudad. Durante el período que va desde el 21 de septiembre de 1814 al 8 de abril de 1815, las ventas de las mercaderías confiscadas ascendieron a $ 191.704, de los que recibió una comisión del 2%. Fleta un cargamento de 2400 cueros de nutria a Baltimore y se jacta de que de los siete buques estadounidenses llegados en tres meses al puerto, cinco están consignados a su nombre. El 22 de diciembre de 1814, ya seguro de sus contactos, ofrece sus servicios comerciales a firmas inglesas y norteamericanas donde afirma
“Estoy respaldado por mi íntimo amigo Larrea que es Secretario del Tesoro y que ya me ha dado gran cantidad de negocios de ventas de efectos del gobierno.”
Esta “íntima amistad” fue investigada en el proceso iniciado a Larrea en 1815. La comisión investigadora encontró manifiestas irregularidades en la tasación de las mercaderías “con notorio perjuicio para los intereses del Estado”. Se le exigió rendición de cuentas también a De Forest. Alegó que las diferencias entre los inventarios y las ventas se debían a “los robos que hubo en las cajas”. Pese a todo, el proceso no tuvo mayores consecuencias desde el punto de vista legal aunque sí desde el económico. Con pesar, escribe De Forest, el 7 de agosto de 1815:
Ya van para cuatro meses desde la caída de Larrea. Ahora está preso, cargado de cadenas y es incierta la fecha de su libertad. Tiene varios miles de libras mías en su poder, las cuales probablemente jamás recuperaré.
A pesar de la caída de Larrea, De Forest conserva buenas relaciones con los hermanos Lynch, vinculados por parentesco con Pueyrredón, relaciones que serán usadas para abrir nuevas puertas. El 18 de septiembre de 1815, bajo secreto de Estado, se le otorgan cuatro patentes de corso. El puerto de Baltimore le provee los cuatro clipper, embarcaciones ligeras y adecuadas para el asalto de barcos enemigos. Rápidamente, los cuatro navíos norteamericanos cambian sus nombres por otros de resonancia criolla y comienzan a operar el Tucumán, Criollo, Congreso, Mangoré y el Tupac Amaru. En sólo tres meses el Tucumán abordó 93 buques de distintas nacionalidades y el Tupac Amaru capturó al mercante español Tritón armado con 22 cañones, tras un duro combate. El producto de este abordaje se calculó en $640.000. El Tupac Amaru obtuvo un botín de $304.189. El ahora corsario exitoso De Forest reeditó su hazaña al capturar cerca de las Islas Azores al Santo Cristo de la Salud con un cargamento en metálico de $50.000. Otro de los rubros exitosos de sus negocios fue la venta de armas al gobierno, tráfico en el que nuevamente utilizó sus contactos con el mundo de los contrabandistas de Baltimore. Parte de estos cargamentos eran destinados al ejército de San Martín en Chile por intermedio de la firma que Estanislao Lynch tenía en ese país. De Forest entra al mundo de “la plata grande”. Ya enriquecido suficientemente, el deseo de De Forest es volver a su país con fortuna y respetabilidad asegurada. Para esto último gestiona ante Pueyrredón el nombramiento de cónsul, que le otorgará inmunidad diplomática. Ya instalado en Estados Unidos vuelve a las andadas y planea, con otro afamado corsario, Pierre Laffite, un delirante plan para ocupar una parte del Golfo de México en nombre de las Provincias Unidas. Se retira a New Haven donde construye una suntuosa mansión y todos los 25 de Mayo manda enarbolar la bandera argentina. Finalmente, en 1823, el gobierno de Buenos Aires lo releva de su cargo.
Actualmente se encuentra en la sede de la Sociedad de Historia Colonial de New Haven una placa de mármol, antiguamente puesta en la mansión, donde dice:
“Al (futuro) dueño de esta casa, David C. De Forest, ciudadano nativo de Huntington en este Estado y actualmente cónsul general en las Provincias Unidas de Sud América de las que Buenos Aires es capital y donde residió muchos años, asistiendo a la declaración de su independencia; he construido esta bella casa para vuestro uso tanto como para el mío y habiendo tomado muchos trabajos para acomodaros por los que vos no pagaréis nada, no siendo pariente mío os pido que reunáis a vuestros amigos aquí cada día 25 de mayo en honor de la independencia de Sud América por ser aquella jornada de 1810 cuando los habitantes de Buenos Ayres establecieron un gobierno libre. New Haven, 1820.”


Fuente:
Galmarini, Hugo, Yanquis y argentinos. Los primeros negocios del poder, TODO ES HISTORIA, Nº 387, octubre de 1999, pp.8-18. Este artículo es un capítulo de una obra dedicada a investigar las relaciones entre empresarios y el poder en el período 1778-1828.
Blasco Ibañez, Vicente., Argentina y sus grandezas, Madrid, (No hay datos del editor), 1910
www.elhistoriador.com.ar

Web de Cristina Ambrosini
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