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LITERATURA EN EL EXILIO. LA DIáSPORA REPUBLICANA EN EL CENTRO CULTURAL RECOLETA
2007-01-05
Sección ARGENTALANES

Literatura en el exilio. La diáspora republicana en el Centro Cultural Recoleta
Cristina Ambrosini cristinaambrosini@yahoo.com.ar
Web de Cristina Ambrosini epicureanos.blogspot.com/


En el calor de las primeras horas de la tarde del verano 2007, en Buenos Aires, se puede encontrar refugio en el ambiente climatizado del Centro Cultural Recoleta (Junín 1930) y visitar la muestra que ocupa seis de sus salas. “Literaturas en el exilio” se inauguró el 14 de diciembre de 2006 y continuará hasta el 11 de febrero de 2007. "Literatura del Exilio" hace hincapié en las historias de los exiliados de la Guerra Civil Española. Ya se exhibió en España y ahora llega a la Argentina, el primer punto de una gira que continuará en Chile y México.
La muestra se desarrolla a partir de tres miradas aportadas por los curadores: Juliá Guillamón, de La Vanguardia; el artista plástico Francesc Abad, y el recientemente fallecido cineasta Joaquín Jordá. Con mirada argentina, Liliana Piñeiro, directora del Centro, cree que la muestra, coproducida por la Sociedad Estatal para la Acción Cultural Exterior, el Institut Ramon Llull y el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona, ahora en el C.C. Recoleta, también es importante por el exilio argentino en la dictadura, por el exilio del siglo XXI y, claro, "por nuestros abuelos".
Una imagen del poeta Antonio Machado en su lecho de muerte, fotos de autos abandonados en la frontera y un trozo de alambre de púa de Ribesaltes tirado en el piso son algunos de los símbolos del sufrimiento. La vida en la obra: los grabados de José Bartelí son crudos y muestran a los guardias de seguridad franceses como ángeles de la muerte: incluso, hay uno que sonríe después de violar a una refugiada. En México, el poeta Agustí Bartra identifica a los refugiados con ciertas figuras del mundo precolombino. Fue en 1939, cuando se produjo la caída de Barcelona y sucumbió el sueño de La República. Para algunos, el exilio fue un pasaporte al infierno. Entre los refugiados, que emigraron para vivir en condiciones infrahumanas, hubo decenas de intelectuales. Fue la primera etapa de una diáspora que continuó, luego, en América latina. A partir del caso de un grupo de escritores catalanes que abandonaron Barcelona huyendo del franquismo, la exposición “Literaturas del exilio” avanza hacia lo general, profundizando en “la experiencia humana de los exilios”, comenta Maribel Serrano, directora de la Sociedad Estatal para la Acción Cultural Exterior (Seacex), una de las productoras de esta muestra. Literaturas... se inauguró el año pasado en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, entidad impulsora de la idea. Como la tarea de Seacex apunta a la difusión de la cultura española en el exterior, esta institución entendió que podía convertirse en itinerante. Argentina es su primera estación y luego se trasladará a Chile y México: los principales países que acogieron a los exiliados.
El acceso a la muestra es un túnel oscuro, dentro del cual se escuchan unas voces (situadas en enero de 1939) que expresan la duda de si marchaban o no al exilio. “El túnel reproduce el refugio antiaéreo”, dice Guillamon en relación con que Barcelona fue bombardeada intensamente durante la Guerra Civil. Guillamon brinda un dato contundente: “Barcelona fue la primera ciudad del mundo donde la población civil fue bombardeada por la aviación militar, abriendo la puerta a lo que luego serían los grandes bombardeos de la Segunda Guerra. El túnel reconstruye un poco el ambiente de estos refugios”, explica. Al salir del túnel, el tema que abre el recorrido es “La caída de Barcelona”. Tapas de diarios españoles y franceses dan cuenta de la diferencia de miradas: mientras la española muestra a Franco como “un gran salvador de la patria”, la francesa pone el acento en los problemas generados por la gente que cruzaba la frontera. La primera parte de la exposición está dedicada al exilio francés, hasta 1940. Empieza con la caída de Barcelona y sigue a los exiliados hasta Toulouse, Montpellier, Roissy-en-Brie, Bierville y Prada. ¿Qué decía la prensa francesa? ¿Qué se publicaba en la prensa franquista? De estos primeros años de exilio surgió un libro de poemas, Les elegies de Bierville de Carles Riba, y un puñado de volúmenes de memorias: de Antoni Rovira i Virgili, de Carles Pi i Sunyer, de Carles Fontseré. Artistas y escritores reflejaron la supervivencia extrema en los campos de concentración. La exposición contrapone textos de Agustí Bartra y Lluís Ferran de Pol con óleos y dibujos de Bartolí, Subirats y Pere Daura.
Con la entrada de los alemanes en París, muchos exiliados se ven obligados a huir hacia el sur. Mercè Rodoreda ofrece un testimonio sobrecogedor de ello en uno de sus cuentos. Otros, como Joaquim Amat-Piniella, se enrolaron en las Compañías de Trabajadores Extranjeros y terminaron en los Campos de la Muerte, donde coincidieron con el fotógrafo Francesc Boix.
A través de monitores se observan fotografías de las distintas situaciones vividas en los pasos fronterizos. Un audiovisual se mete en la frontera entre España y Francia: en los sitios donde sucedió la historia, los actuales habitantes cuentan el pasado y la actualidad. Hay un elemento que estremece: una alambrada auténtica, de fabricación alemana, perteneciente a un campo de Ribesaltes, al sur de Francia. “Cuando los alemanes están a punto de iniciar la Segunda Guerra, esta gente tiene que buscar la manera de salir de Europa. Salieron huyendo de Franco y se encuentran con que también tienen que huir de Hitler”, sostiene Guillamon en una sala a la que se accede a través de molinetes de subte que representan el paso de un lugar a otro y la traba que implicaba este peregrinar. Allí se observan documentos de época retroiluminados que presentan los destinos de la diáspora republicana: París, Ginebra, República Dominicana, México, Chile, Argentina y Venezuela. En algunos casos, se trata de pasaportes que muestran el camino recorrido por una sola persona: uno tiene el itinerario Barcelona, París, Londres, Caracas. En la misma sala, hay una instalación de Francesc Abad que representa a los campos de exterminio nazis. Simula un muro pintado con rayas que simbolizan los trajes de quienes eran torturados y exterminados. “Esto es una alegoría con una foto grande con los 186 peldaños del Lager de Mauthausen. Esos peldaños la gente los subía tres veces al día con una piedra de cuarenta kilos, como la que está debajo de la foto”, explica Abad. Las fotos que acompañan ese sector pertenecen a Francesc Boix y sirvieron como prueba contra los nazis en los juicios de Nuremberg.

Otra sala expone la situación de los exiliados republicanos en Chile y México, los principales países latinoamericanos que los acogieron. “En el caso de México, quisimos mostrar la fascinación por ese país y por las figuras de la mitología mexicana, muy concretamente por Quetzalcoátl, un héroe mitológico ‘que se fue pero que volverá’. Los refugiados españoles que piensan que un día volverán se identifican con esa figura”, explica Guillamon. De este choque surgieron textos de un gran dramatismo –los cuentos de Ferran de Pol y Ramon Vinyes sobre los hombres perdidos del exilio, la novela de Vicenç Riera Llorca Tots tres surten per l’Ozama, sobre las pésimas condiciones de vida en Ciudad Trujillo. Pero también historias divertidas y cuentos paradójicos, escritos por Pere Calders o Avel•lí Artís-Gener, que reflejan la distancia entre la mentalidad europea y la exuberancia americana.
En el caso de Chile, la idea fue contar la historia “de la gente que le va bien y la que le va mal”. Chile encarna las diferentes posiciones ante el exilio. Desde la del poeta que no se adapta y enseguida se prepara para regresar (Joan Oliver/Pere Quart), hasta la del intelectual solitario retirado del mundo (Cèsar August Jordana). Desde la del hombre de negocios que monta un negocio que le permite ganar dinero para dedicarse a escribir (Xavier Benguerel) hasta la del hombre derrotado por el exilio, el melancólico que promete no regresar mientras siga gobernando Franco (Francesc Trabal).
El sector vinculado a la Argentina comienza con tapas de prensa: así como anteriormente se reflejaban las diferencias entre la prensa española y la francesa, se exponen titulares de Crítica (que tenía una postura de apoyo a los republicanos) con las de La Razón, con una mirada condescendiente hacia Franco. La sala de Buenos Aires tiene un carácter temático: “No nos interesa reproducir todo lo que fue el exilio en Buenos Aires sino que nos fijamos en un aspecto que creo muy significativo: en los años ’30, Buenos Aires es una ciudad cosmopolita, moderna. Lo quisimos reflejar mediante una fotografía de Horacio Coppola que refleja la ciudad. Y Barcelona también es una ciudad parecida, donde tienen cabida los movimientos de vanguardia y las nuevas tecnologías. Es por eso que un grupo de refugiados republicanos escogieron Buenos Aires. En segundo lugar, se encuentran muy cómodos para continuar realizando su labor”, cuenta Guillamon. La parte argentina se articula sobre cuatro historias de catalanes ilustres que realizaron aportes sustanciales a la cultura argentina. Son ellos el editor Antonio López Llausás, abuelo de los reconocidos editores Gloria Rodrigué y Javier López Llovet, quien se hizo cargo de Sudamericana hasta colocarla en el pináculo de la industria editorial; el arquitecto Antonio Bonet, creador de la famosa silla mariposa; la actriz Margarita Xirgu, y el fundador de la Editorial Poseidón, Joan Merli. En el recorrido "argentino" de la muestra queda claro que aquellos nombres señeros de la cultura catalana representaron la vanguardia que luego continuó en Buenos Aires. Un mapamundi muestra las rutas del exilio y los países americanos donde llegaron los republicanos con la lista de nombres en cada caso. Los exiliados catalanes en Argentina no fueron muchos. La lista completa incluye los nombres de:
Antoni Bonet Castellana
Eduard Borrás
Joaquim Camps i Arboix
Joan Coromines
Pere Coromines
Joan Cuatrecases
Manuel Fontdevila
Jacint Grau
Cèsar August Jordana
Antoni López Llausàs
Francisco Madrid
Pere Mas Parera
Joan Merli
Jaime Pahissa
Irene Polo
Santiago Rubió i Tudurú
Pelai Sala
Manuel Serra i Moret
Margarita Xirgu

Con la lengua catalana prohibida en España y sus novelistas y escritores dispersos por el mundo, en 1941, en Buenos Aires, se organizó Los Juegos florales en el exilio”. Este certamen tuvo enorme repercusión entre los exiliados ya que la fiesta constituyó la oportunidad de encontrar un lugar de encuentro y reconocimiento para la comunidad. Entre los objetos exhibidos, se pueden ver ejemplares de libros de los JOCS FLORALS DE LA LLENGUA CATALANA, ANY LXXXVII DE LLUR RESTAURACIO, editados en Buenos Aires (1941) y otros ejemplares publicados en otros países americanos.
La programación se completa con ciclos de cine y mesas redondas en el Casal de Cataluña (Chacabuco 863), en la Biblioteca Nacional (Agüero 2502). Para ello, visitaron el país el escritor chileno Antonio Skármeta y el español Pedro Molina Temboury, entre otros. Los documentos fotográficos —fragmentados en murales de gran tamaño—, diversos objetos y obras de arte, se complementan con actividades como la obra de teatro “El privilegio de ser perro” (de Juan Diego Botto); la coreografía “Hasta mañana”(de Mónica Runde y 10&10 Danza); la coproducción musical argentino-catalana "Immigrasons”. La banda sonora de la inmigración es el motivo del proyecto de Raúl Fernández y Ernesto Snajer surgido a raíz de un documental en el que se entrevistó a varios exiliados, tanto en Buenos Aires como en Catalunya.
"Entre las muchas preguntas, se les pidió que mencionaran la canción que sintetizara su historia de vida, y de allí surgió un repertorio que incluye temas de Serrat, de Lito Nebbia o de Spinetta, y que fue grabado en un disco por músicos de ambos países", señala el subsecretario de Gestión Cultural de la ciudad, Roberto Di Lorenzo.
Otras manifestaciones artísticas son "Figuras del exilio: entre creación y construcción política", (coordinadas por Jorge Alemán , consejero cultural de la Embajada de Argentina en España); y el ciclo de cine "Los caminos de la memoria", donde se proyectarán nueve películas originarias de España, Argentina, Chile y México. Esto, como un homenaje al recientemente fallecido Jordà, responsable de “Literaturas del exilio”, un documental de cuatro horas y media de duración fragmentados en 18 pantallas distribuidas en las seis salas que ocupa la muestra con testimonios de hijos, familiares y amigos de los sobrevivientes a la caída del sueño republicano, en 1939.

Para los curadores de la muestra, la elección de Buenos Aires no es casual. El exilio catalán aquí no fue numeroso, ya que los regímenes militares argentinos no simpatizaron con los republicanos vencidos. Pero los que llegaron dejaron su impronta. Si bien la narración de Literaturas del exilio tiene una fecha de inicio, la huida de los intelectuales catalanes, al final de la guerra civil, deja en suspenso una pregunta: ¿cuándo termina el exilio? Y no solo porque algunos dicen que el exilio no tiene final, sino porque otros, décadas más tarde, vuelven a experimentar con otros rostros, y por otras razones, el mismo drama. De ahí la necesidad de que la muestra se presente en Argentina, donde la crisis del 2001 generó un flujo migratorio hacia España. El ciclo abrió sus puertas cuando estalló el problema de Air Madrid y miles de pasajeros quedaron varados en aeropuertos como el de Buenos Aires. Para Serrano, el incidente tiene un efecto de metáfora.

Entre los objetos exhibidos, como el alambrado de púa, símbolo de un campo de refugiados en el sur francés, por el que pasaron primero los españoles emigrados, luego los judíos en la Segunda Guerra Mundial, más tarde los argelinos prisioneros y ahora los inmigrantes ilegales, está la corbata de Pere Vives, el amigo que Agustí Bartra dejó en el campo de concentración d’Agde y que murió en Mauthausen. Pero el objeto que más impresionó a quien escribe estas líneas son dos llaves de la casa de Barcelona, que Trabal todavía llevaba en el bolsillo, en Chile, años después de haber salido de ella. Un cartel aclara que las dos llaves, con las que el dueño de casa cerró las puertas de su casa al marchar al exilio, las conservó Francesc Trabal durante el resto de su vida y con perplejidad expresó su angustia por tener las llaves pero no la puerta ni la posibilidad de volver a entrar con ellas a su casa de Barcelona.

Información general
Centro Cultural Recoleta

Dirección
Junín 1930 (C.P. 1113) Buenos Aires
Horarios
Abierto al público de martes a viernes de 14 a 21hs.
Sábados, domingos y feriados, de 10 a 21 hs.

Teléfono:
4803-1040 y rotativas

Horario de Boletería
La venta de entradas comienza dos horas antes de cada espectáculo.
Consultas por venta anticipada: tel. 4804-0265
http://www.centroculturalrecoleta.org/es/web-ccr.htm
Fuentes consultadas
http://www.clarin.com/diario/2006/12/18/sociedad/s-03701.htm

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/2-4791-2006-12-14.html

Web de Cristina Ambrosini
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