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CRóNICA DE LA INTERVENCIóN DE LA ARMADA ARGENTINA PARA EL RESCATE DE REFUGIADOS EN LA GUERRA CIVIL E
2007-01-11
Sección ARGENTALANES

Crónica de la intervención de la Armada Argentina para el rescate de refugiados en la Guerra Civil Española
Cristina Ambrosini cristinaambrosini@yahoo.com.ar
Web de Cristina Ambrosini epicureanos.blogspot.com/

En 1936, el cónsul argentino en Barcelona, Jorge Blanco Villalta, señalando la cola de gente que esperaba en las puertas del consulado ser refugiada en Argentina, comentaba con aire risueño a un periodista: “Cuando vine aquí di una recepción para la colonia argentina en Barcelona, asistieron veinte personas y me dije: menos mal, tendré poco trabajo. Y ahora, miré, salen argentinos debajo de las piedras.” En Madrid, en el verano del ’36, la embajada argentina había quedado a cargo del consejero Edgardo Pérez Quesada mientras el embajador, Daniel García Mansilla, y su esposa, Adela Rodríguez Larreta, se encontraban veraneando en el pueblo de Zarauz, en una residencia alquilada, donde debieron alojar a una cantidad de asilados españoles. Primero dio refugio a su vecino Pedro M.Ansoátegui, luego a la esposa (argentina) de Honorio Maura y sus cinco hijos y a otros veraneantes, familias vecinas y parientes lejanos. El 1 de agosto, una delegación del frente Popular de Zarauz conminó al embajador argentino a que entregase a los asilados, a lo que éste se negó. La casa fue sitiada, incomunicada y las cuentas bancarias del embajador fueron bloqueadas. El embajador y sus refugiados pasaron a alimentarse del crédito de los comerciantes y de los ahorros de los criados mientras, a través de la embajada en Londres, puso en conocimiento de su apurada situación al gobierno de Buenos Aires. El canciller, Carlos Saavedra Lamas, respaldó la actitud humanitaria del embajador y le pidió que resistiera hasta que llegara ayuda. Se dispuso mandar un buque de guerra de la Marina argentina al puerto de Guetaria, cercano a Zarauz para desalojar al embajador y sus asilados pero García Mansilla y el resto de los asilados en su casa abandonarían España el 14 de agosto con el auxilio del embajador francés, merced a las terminantes órdenes de Augusto Barcia, ministro republicano, de ser puestos a salvo en la frontera.
La nave designada, el 25 de Mayo, de todos modos, soltó las amarras de la Dársena Norte el 8 de agosto con una tripulación de 500 hombres para dirigirse ahora al puerto de Alicante, elegido para evacuar a asilados desde Madrid. Al mando del Capitán de Navío Miguel A Ferreira, llegó a Alicante el 22 de Agosto de 1936, quedándose allí hasta que fue reemplazado por el Destructor (llamado torpedera en esa época) ARA "Tucumán"- al mando del Capitán de Fragata Mario Casari, que llegó en Noviembre de 1936 y quedó en España hasta fin de Junio de 1937. Desde Alicante, Valencia y Barcelona, fueron desalojados de España los refugiados en dirección a Génova, Lisboa y Marsella. La sede de la embajada argentina en Madrid, en Paseo de la Castellana 46, abrió sus puertas y prometió asilo a más de 200 españoles. La presencia de Pérez Quesada fue decisiva en la misión de rescate ya que se valió del poder negociador que imponía un barco de guerra fuertemente equipado y los suministros de carne argentina que llegaron a Madrid en épocas de desabastecimiento a la vez de las buenas relaciones mantenidas con las autoridades republicanas.

Durante casi un año el "25 de Mayo" realizó tres viajes y el "Tucumán" unos 12 viajes, llegando a llevar a bordo hasta 200 personas, en un buque de guerra preparado para una tripulación de solo 160 hombres. Según el libro "Heroísmo Criollo” "se acercan a los puertos de España “..con toda clase de consuelos, materiales y espirituales, no cargan en compensación oro y riquezas, sino que dan amparo y refugio al perseguido por el odio y no tienen otro fin que salvar vidas... no sólo reciben correcta y amablemente y dan asilo a la presunta víctima, van a buscarla, a salvarla, por todas partes, en todo momento, por todos los medios".
Fuera de dos naves norteamericanas y la presencia de las flotillas de destructores franceses e ingleses y, por supuesto, los buques de guerra italianos y alemanes que tomaron parte activa en la contienda del lado nacionalista, fue la Argentina quien hizo presencia con dos naves de su bandera, amparando a quienes lo solicitaban

Muchos buques tomaban asilados que tenían permisos de viaje otorgados por las autoridades, pero la única que recibía y ayudaba a aquellos que no tenían papeles eran los buques argentinos. Ayudaban a todos, de ambos bandos, sin preguntar quién era y convivan a veces en el buque enemigos a muerte, pero unidos en su afán de salvar su vida y la de su familia. Los puertos de toda España estaban cerrados para evitar la fuga de opositores políticos y mas aún toda embarcación estaba guardada celosamente, por lo que los prófugos, familias enteras en muchísimos casos, debieron aguzar su ingenio para llegar a estos buques. En la mayoría de los casos las tripulaciones argentinas arriesgaban sus vidas para ayudarlos, ya sea llevándolos dentro de "cajones de verduras", como disfrazándolos de marineros o arrancándolos del agua cuando ya no daban más de nadar a la libertad, o pagando "favores" en comestibles y aun cigarrillos a los encargados del puerto que vigilaban que no escapara nadie. Se debe recordar que si los atrapaban lo más seguro era el fusilamiento.
La función de los marinos argentinos no concluía cuando llegaban los asilados a la cubierta. Las mujeres y los niños, los ancianos y enfermos eran alojados en los camarotes de la tripulación e inclusive de la oficialidad. En la cubierta del buque se acomodaban los hombres en reposeras, catres de campaña o como fuera. Todos participaban de un rancho único que en dos o tres turnos repartía un abundante alimento. Desde Paris y en viaje a Ginebra, el propio Saavedra Lamas consiguió para la Argentina el permiso de evacuación sin restricción pero a cargo económico del Estado argentino. Para ello se alquilaron automóviles, autobuses y hasta los coches particulares de los funcionarios trasladaron refugiados hasta el puerto. Se dispuso alojamiento en hoteles, casas particulares y la sede del Consulado en Alicante también fue adaptada como hospedaje. El capitán de fragata Casari se vinculó con activistas sindicales y funcionarios con el fin de captar ayuda para la operación de rescate. Gracias a este despliegue de los marinos y diplomáticos argentinos, a partir de enero de 1937, numerosas personalidades del mundo político, económico y aristocrático de España así como trabajadores anónimos y militantes políticos de base, consiguieron su permiso de embarque, salvando sus vidas y las de sus familias.
Las órdenes dadas a los marinos fueron terminantes: “respetar la neutralidad y mostrar prescindencia absoluta en las cuestiones internas de España pero oponer la fuerza a la fuerza si fuera necesario defender el derecho de asilo y no olvidar que estaban a cargo de un buque equipado en pie de guerra.”
El 31 de mayo, el embajador Le Breton telegrafió desde París al canciller Saavedra Lamas para darle cuenta de los bombardeos cada vez más frecuentes de la aviación franquista y de la amenaza de nuevos disturbios en Alicante, Valencia y Barcelona que aguzaron los controles y ponían en peligro la continuidad de embarques clandestinos. El Tucumán ya había trasladado a 300 personas de la embajada chilena y quedaban aun 1500 personas para ser evacuadas. El gobierno argentino consideró que esa misión llevaría un largo tiempo sobre aguas peligrosas y que Chile podía mandar un buque propio o rentar alguno en Europa. Se dispuso el retorno y el 7 de junio el Tucumán zarpó de Alicante. Durante siete meses y en un total de once viajes a Marsella y el último a Lisboa, el torpedero evacuó 1489 personas. El 25 de mayo trasladó otros 400 refugiados. El 30 de junio de 1937 una multitud concurrió al puerto de Buenos Aires para recibir a los marinos que con su labor encumbraron el prestigio de la Armada y de la diplomacia argentina, prestigio que luego se vio ensombrecido por la acción genocida de otros marinos argentinos que no deben opacar, en la memoria social, una honrosa tradición de respeto a las libertades.



LA LISTA DE NOMBRES DE LOS ASILADOS TRANSPORTADOS EN LOS VIAJES DE ELTUCUMAN Y EL 25 DE MAYO SE ENCUENTRAN EN http://www.histarmar.com.ar/InfHistorica/ARA-GCivilEsp.htm


Fuentes consultadas
FIGALLO, Beatriz, Un marino argentino en la guerra civil española en TODO ES HISTORIA Nº 379, febrero de 1999, pp.80-98
Citado en http://www.histarmar.com.ar/InfHistorica/ARA-GCivilEsp.htm - Heroismo Criollo.por Clara Campoamor y Federico Fernandez Castillejo. Editado en 1939 y reeditado en 1983 por el Inst. de publ. Navales . ISBN 950-9016-45-1

Web de Cristina Ambrosini
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