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BLAS (BLAI) PARERA, LLEGADO DESDE MATARó, CREADOR DE LA MúSICA DEL HIMNO NACIONAL ARGENTINO, APROBAD
2007-05-03
Sección ARGENTALANES

11 DE MAYO, DIA DEL HIMNO NACIONAL ARGENTINO
Sus autores, Blas ( Blai) Parera y Vicente ( Vicenç) Lopes i Planes, ambos nacidos en la costa mediterránea, son un ejemplo de la presencia catalana en la Independencia de la Argentina

Blas (Blai) Parera, llegado desde Mataró, creador de la música del Himno Nacional Argentino, aprobado como "Marcha Patriótica" el 11 de mayo de 1813

Cristina Ambrosini cristinaambrosini@yahoo.com.ar
Web de Cristina Ambrosini epicureanos.blogspot.com/

La emigración catalana a América en los siglos XVIII y XIX es un fenómeno de difícil cuantificación ya que no hay suficientes registros. Producida esencialmente a partir de las poblaciones del litorial, el mayor peso corresponde a la franja comprendida entre Tarragona y Lloret del Mar, según Alberto Sarramone. Durante la vigencia del Libre Comercio de Carlos III, los marineros del Maresme tenían dos escuelas de náutica, una en Mataró y otra en Arenys del Mar. En toda la costa residían capacitados marineros tanto para viajes locales como formados capitanes capaces de enfrentar los desafíos de los viajes de alta mar. Las familias eran propietarias de embarcaciones, algunas preparadas para la navegación de ultramar. De estas comarcas salieron una gran cantidad de jóvenes, algunos con muy poca formación escolar y otros ya con un oficio o profesión para ejercer y “hacer la América”. La tramitación para emigrar no era un gran obstáculo. Con este punto de arranque, con el espíritu aventurero y empresario que los caracterizó, los catalanes de la época se introdujeron en todo tipo de actividades en América valiéndose también de la mano de obra esclava, en cuyo tráfico intervinieron. Junto a la actividad comercial, ejercieron el mecenazgo y fomentaron la cultura y las artes en los nuevos territorios, de allí la residencia de artistas y músicos catalanes en las distintas ciudades americanas. En la vida colonial se formó una clase social particular que, con el tiempo, demandó bienes materiales y culturales para su consumo. Entre las familias fundadoras, dueñas de casi todas las propiedades, y la población autóctona, esclavos negros y todo tipo de mestizos, se formó una “burguesía” de gente progresista y estudiosa que fue acaparando el ejercicio de profesiones liberales y los puestos burocráticos de administración y de ejercicio de la autoridad. De allí salían los abogados, médicos, profesores y funcionarios de todo tipo. Estos abogados y doctores criollos, es decir, hijos de españoles nacidos en América, estuvieron en la primera línea de combate cuando llegó el momento de defender la ciudad de las Invasiones inglesas y luego en la gesta emancipadora. En alianza con esta clase social ilustrada y con ansias de libertad, la presencia catalana en Argentina va unida a los orígenes de su independencia. Como dijimos otras veces, la lucha por la emancipación americana no se dio entre criollos y españoles sino entre realistas y liberales, los que, fraternizados en logias masónicas, actuaban a uno y otro lado del Atlántico. Así es como encontramos que Felip Sentenach y Gerard Esteve i Llach encabezan la lista de promotores del movimiento independentista, Els Minyons (Miñones catalanes) constituyen una compañía de 146 hombres, comandados por Rafael Bofarull, Josep Grau, Cristòfol Salvanyac y Jaume Ferrer, que vino de Montevideo para unirse a las tropas que defendían Buenos Aires frente al invasor ingles. Después se formó el cuerpo de Voluntarios Urbanos de Cataluña, milicias ciudadanas que tanto contribuyeron a la defensa de Buenos Aires (1807). Entre los oficiales figuraban Joan Larrea y Doménech Matéu, los cuales ocuparon un lugar preeminente en los hechos revolucionarios de 1810. Larrea fue presidente de la Asamblea de constituyentes, y Matéu llegó a ser presidente de la Primera Junta. Se destaca también Josep Antoni de Capdevila, comerciante, cabildante y alférez de las milicias ciudadanas. Entre los catalanes prominentes del siglo XIX, cabe destacar al cartógrafo Josep M. Cabré, el músico Eliseu Cantont, el explorador Esteve Rams, Felip de Senillosa, Jaume Llavallol, Joan E. Solà i Alió, etc.
Así es que encontramos también a Blas (Blai) Parera, el autor de la música del himno nacional argentino. Nacido en Murcia, en 1773, de padres catalanes, la familia se estableció en Mataró y allí, desde niño, forma parte de la Capilla de Música del Colegio de Santa Ana, de los escolapios, donde estudiaba. Emigra a América en 1793. Entre 1802 y 1803 fue músico de la iglesia de San Francisco en Montevideo. Se establece en Buenos Aires en 1803 y se gana la vida dando clases de piano en el Colegio de Niños Expósitos y en casas particulares. Toca el órgano en la Catedral y en las iglesias de San Nicolás, San Ignacio y La Merced mientras participa en conciertos, con el violín y el clavicordio. Compone piezas musicales a la vez que ejerce como Director de la orquesta del Coliseo Provisional de Comedias de Buenos Aires (futuro Teatro Argentino) fundado en 1804. Se casa con una de sus alumnas, Facunda del Rey, en 1809. Entre 1810 y 1813, por encargo, pone música a distintas canciones patrióticas entre las que se encuentran la Marcha Patriótica que luego sería el Himno Nacional Argentino. En julio de 1813 se traslada a Río de Janeiro para estudiar con el maestro Marcos Antonio Portugal. En 1817 nace su primer hijo, Juan Manuel, al que siguen Dolores y Juana. En 1818 abandona Buenos Aires, sin que quede registrado el motivo de su partida. Al llegar a España, permaneció detenido un tiempo en Cádiz por ser un español proveniente de las Indias. Cuando pudo, retornó a Mataró donde fue Interventor del Correo. En 1830 se lo ubica en Barcelona, ejerciendo modestamente la docencia y actuando como músico en una parroquia. Al parecer muere en Mataró o en Barcelona en 1840 pero no hay datos ciertos del lugar y fecha de su deceso.
Se cuentan entre sus obras: Canto patriótico (1812), con letra de Saturnino de la Rosa, Canto a la memoria de Mariano Moreno (1812), Himno patriótico original a grande orquesta (1812), con letra de José Cayetano Rodríguez, Marcha patriótica (1813), con letra de Vicente López y Planes, El 25 de Mayo o el himno de la libertad (1812), obra lírica con libreto de Luis Ambrosio Morante. "Tonadillas".
El Himno Nacional Argentino no es La Marsellesa pero los destinos de ambos compositores musicales se parecen, según nos dice Vicente Blasco Ibañez en su libro “Argentina y sus grandezas”, pág. 281. Como el monárquico Rouget de l’Isle, Blas Parera no era un revolucionario, ambos realizaron un trabajo por encargo. En esta versión, Don Blas, en su condición de peninsular, debió huir por miedo a represalias. Salió de Buenos Aires, para no volver nunca más, oculto en la caja de un piano que su compatriota, ahora funcionario del Triunvirato, Juan Larrea, escondió en su casa. En otra versión, se dice que en 1813 se le pidió a Parera que reformara la música de la Marcha Patriótica compuesta un año antes. En principio accedió, pero pasados varios días no presentaba ningún resultado. Finalmente se habría negado, alegando que la letra era ofensiva contra España y que él temía las represalias del gobierno del rey. Fue encarcelado por el gobierno y obligado a componer bajo pena de fusilamiento. En una sola noche terminó la partitura (simplemente copió la música que había compuesto para la obra de teatro un año antes). Fue liberado y en el primer barco abandonó para siempre la Argentina, viviendo varios años en Río de Janeiro (Brasil) y finalmente en España, donde murió. Esta teoría sobre las razones de la partida de Parera ha sido también refutada. El musicólogo Carlos Vega opina que "meses antes de su partida, el gobierno argentino (recuérdese que el país estaba en guerra) exigió a todos los españoles residentes juramento de fidelidad a la patria naciente y morir por su independencia total, legalizando su adhesión mediante una carta de ciudadanía. Podría ser que la adopción de la nacionalidad argentina hubiera sido una imposición demasiado dura para el catalán, y acaso la causa de su extrañamiento súbito."
Más allá de las peripecias biográficas de Parera, volvamos a la historia del Himno Nacional Argentino. Toda Revolución necesita de un Himno. El 24 de mayo de 1812 se presentaba en la "Casa de Comedia" (en Buenos Aires) una pieza, "El 25 de Mayo" (referido a la revolución del 25 de mayo de 1810), de Luis Ambrosio Morante, que terminaba con un himno coreado por los actores. Uno de los espectadores, el porteño Vicente López y Planes, se sintió inspirado y esa misma noche escribió la primera estrofa de un himno para reemplazar el de Morante, al que el músico catalán Blas Parera había puesto música. El Triunvirato entendió que debía darle al pueblo un canto nacional de mayor importancia que el que hasta entonces se entonaba. En un oficio del 22 de julio de 1812, dirigido al Cabildo, sugería a éste que mandase a componer "la marcha de la patria", para ser ejecutada al principio de las funciones teatrales, debiendo el público escucharla de pie y descubierto, así como en las escuelas al finalizar diariamente las clases.
La Asamblea General Constituyente lo aprobó como "Marcha Patriótica" el día 11 de mayo de 1813. Al día siguiente le encargó al español Blas Parera componer con urgencia una nueva música. Se estima que la obra fue presentada el mismo día 25 de mayo de 1813 ya que el día 28 de ese mismo mes se cantó en el teatro durante una función patriótica efectuada durante la noche. Luego se lo conocería como Canción Patriótica Nacional, y más tarde simplemente como Canción Patriótica. Pero en una copia de 1847 aparece titulada como Himno Nacional Argentino, nombre que recibe en la actualidad. La letra era definitivamente independentista y antiespañola, como correspondía al espíritu de la época. Tiempo más tarde la Asamblea del año XIII pide un "arreglo" de la letra, para que el himno quedara más acorde con los nuevos vientos que soplaban: Inglaterra se oponía vigorosamente a todo arresto de autonomía en las colonias de España, su aliada en la guerra contra Napoleón. El embajador británico, lord Strangford, hace saber al gobierno de Buenos Aires "lo loco y peligroso de toda declaración de independencia prematura". Desaparecen entonces estrofas que anunciaban que "se levanta a la faz de la Tierra una nueva y gloriosa Nación". Se infiltran, en cambio, conceptos monárquicos tan en boga entonces, cuando los próceres competían en candidaturas de príncipes europeos para gobernarlos: el príncipe portugués, el francés, el italiano... No extraña entonces el "ved en trono a la noble igualdad", afrancesamiento relacionado con el propósito de coronar al duque de Orleans (aunque otros autores señalan que los orleanistas no estaban a favor de la "noble igualdad" de la Revolución francesa sino más bien lo contrario, que eran partidarios del Antiguo Régimen). El himno sufrió en 1860 otra modificación encomendada al músico Juan Pedro Esnaola, quien realizó una versión orquestada más rica desde el punto de vista armónico. Tenido por Himno Nacional, la Canción Patriótica de López; a través de un largo período de la nacionalidad fue interpretado de acuerdo con el texto original; pero una vez desaparecido el furor de la contienda contra España, en aras de una necesidad de acercamiento y comprensión con la "Madre Patria", la canción nacional sufrió en su enunciado una modificación de forma en lo relativo a aquella parte que pudiera tener en el presente un concepto peyorativo, ya sin objeto para la soberanía del Estado. Durante la segunda presidencia del general Roca, el 30 de marzo de 1900 un decreto refrendado con la firma del Presidente de la Nación y de los ministros Luis María Campos, Emilio Civit, Martín Rivadavia, Felipe Yofre, José María Rosa y Martín García Merou disponía que:
"Sin producir alteraciones en el texto del Himno Nacional, hay en él estrofas que responden perfectamente al concepto que universalmente tienen las naciones respecto de sus himnos en tiempo de paz y que armonizan con la tranquilidad y la dignidad de millares de españoles que comparten nuestra existencia, las que pueden y deben preferirse para ser cantadas en las festividades oficiales, por cuanto respetan las tradiciones y la ley sin ofensa de nadie, el presidente de la República, en acuerdo de ministros decreta:
Artículo 1°. En las fiestas oficiales o públicas, así como en los colegios y escuelas del Estado, sólo se cantarán la primera y la última cuarteta y el coro de la Canción Nacional sancionada por la Asamblea General el 11 de mayo de 1813."
Desaparecieron así las marciales referencias a "los bravos [argentinos] que unidos juraron su feliz libertad sostener, a esos tigres sedientos de sangre [los españoles] fuertes pechos sabrán oponer".
La letra original de 1813 es mucho más larga, pero desde 1900 la versión oficial es la abreviada de este modo:
Oid mortales el grito sagrado
Libertad, libertad, libertad
Oid el ruido de rotas cadenas
Ved en trono a la noble igualdad
Ya su trono dignísimo abrieron
Las Provincias Unidas del Sud
Y los libres del mundo responden
Al gran pueblo argentino salud
Sean eternos los laureles
Que supimos conseguir
Coronados de gloria vivamos
O juremos con gloria morir.
Texto completo -sin modificaciones posteriores-
Oid ¡mortales! el grito sagrado:
¡Libertad, Libertad, Libertad!
Oid el ruido de rotas cadenas:
Ved en trono a la noble Igualdad.
Se levanta la faz de la tierra
Una nueva y gloriosa Nación:
Coronada su sien de laureles
Y a sus plantas rendido un León
Sean eternos los laureles
Que supimos conseguir.
Coronados de gloria vivamos
O juremos con gloria morir.
De los nuevos campeones los rostros
Marte mismo parece animar;
la grandeza se anida en sus pechos,
A su marcha todo hace temblar.
Se conmueven del Inca las tumbas
Y en sus huesos revive el ardor,
Lo que ve renovando a sus hijos
De la Patria el antiguo esplendor.
Sean eternos los laureles
Que supimos conseguir.
Coronados de gloria vivamos
O juremos con gloria morir.
Pero sierras y muros se sienten
Retumbar con horrible fragor:
Todo el País se conturba por gritos
De venganza, de guerra y furor.
En los fieros tiranos la envidia
Escupió su pestífera hiel,
Su estandarte sangriento levantan
Provocando a la lid más cruel.
Sean eternos los laureles
Que supimos conseguir.
Coronados de gloria vivamos
O juremos con gloria morir.
¡No lo véis sobre Méjico y Quito
Arrojarse con saña tenaz,
Y cuál lloran bañados en sangre
Potosí, Cochabamba y la Paz!
¡No lo véis sobre el triste Caracas
Luto y llantos y muerte esparcir!
¡No lo véis devorando cual fieras
Todo pueblo que logran rendir!
Sean eternos los laureles
Que supimos conseguir.
Coronados de gloria vivamos
O juremos con gloria morir.
A vosotros se atreve ¡Argentinos!
El orgullo del vil invasor,
Vuestros campos ya pisa contando
Tantas glorias hollar vencedor.
Mas los bravos que unidos juraron
Su feliz libertad sostener,
A esos tigres sedientos de sangre
Fuertes pechos sabrán oponer.
Sean eternos los laureles
Que supimos conseguir.
Coronados de gloria vivamos
O juremos con gloria morir.
El valiente argentino a las armas
Corre ardiendo con brío y valor,
El clarín de la guerra cual trueno
En los campos del Sud resonó,
Buenos Aires se pone a la frente
De los pueblos de la ínclita Unión,
Y con brazos robustos desgarran
Al ibérico altivo León.
Sean eternos los laureles
Que supimos conseguir.
Coronados de gloria vivamos
O juremos con gloria morir.
San José, San Lorenzo, Suipacha,
Ambas Piedras, Salta y Tucumán,
La Colonia y las mismas murallas
Del tirano en la Banda Oriental;
Son letreros eternos que dicen:
Aquí el brazo argentino triunfó
Aquí el fiero opresor de la Patria
Su cerviz orgullosa dobló.
Sean eternos los laureles
Que supimos conseguir.
Coronados de gloria vivamos
O juremos con gloria morir.
La victoria al guerrero argentino
Con sus alas brillantes cubrió
Y azorado a su vista el tirano,
Con infamia a la fuga se dió;
Sus banderas, sus armas se rinden
Por trofeos a la Libertad,
Y sobre alas de gloria alza el pueblo
Trono digno a su gran majestad.
Sean eternos los laureles
Que supimos conseguir.
Coronados de gloria vivamos
O juremos con gloria morir.
Desde un polo hasta el otro resuena
De la fama el sonoro clarín,
Y de América el nombre enseñando,
Les repite: ¡Mortales! Oid:

¡Ya su trono dignísimo abrieron
Las provincias unidas del Sud!
Y los libres del mundo responden:
¡Al Gran Pueblo Argentino Salud!
Fuentes consultadas
http://www.mendoza.edu.ar/efemerid/5_himno.htm

http://es.wikipedia.org/wiki/Himno_Nacional_Argentino

http://www.catalunya-america.org/catala/catalans.htm

Alberto Sarramone, “Cataluña y los catalanes en el Plata, Azul, Editorial Biblos Azul, 2004
Vicente Blasco Ibáñez, “Argentina y sus grandezas”, Madrid, La Editorial Española Americana, 1910

Web de Cristina Ambrosini
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